Respeto que guía cada paso
Entrar en un claustro urbano es aceptar un ritmo distinto: silencio, vestimenta adecuada, teléfono en modo avión, mirada atenta. Mejor caminar por la derecha y ceder el paso. Si hay liturgia, detenerse. Un donativo discreto sostiene restauraciones y vida cotidiana, un gesto pequeño con enorme eco cultural.